jueves, 28 de abril de 2016

Palmeras en la nieve


"Palmeras en la nieve" es la adaptación cinematográfica de la novela escrita por Luz Gabás de nombre homónimo. Un drama romántico que trasciende en el tiempo, que va más allá de las nevadas montañas oscenses hasta la cálida y española Guinea Ecuatorial, que no entiende de razas ni de posición social pues su razón de ser es puramente emocional.

Fernando González Molina dirige una película redonda, en la que la trama se abre y se cierra en un mismo punto; con mil venturas y desventuras, mil obstáculos étnicos y culturales y un pilar básico e inamovible, el amor. González Molina dirige a un interesante plantel de actores españoles, en una mezcla de juventud y veteranía que otorga mayor frescura y aplomo a esta cinta magnífica (Emilio Gutiérrez Cava, Mario Casas, Adriana Ugarte, Berta Vázquez, Macarena García, Fernando Cayo, Alain Hernández). Si bien las actuaciones no resaltan especialmente, al menos permanecen en comunión con el ritmo de la película.

Los hermanos  Jacobo  (Alain Hernández)  y  Kilian  (Mario Casas)

Breve Destripe (Spoiler)
Dos hombres, dos hermanos, Kilian (Mario Casas) y Jacobo (Alain Hernández), deciden viajar a Guinea donde se encuentra su padre trabajando en una explotación de cacao, ellos deberán convertirse en el relevo progresivo de su padre al que el calor y la humedad de la zona lo van agotando como si el peso de los años no fuese suficiente. Allí, en Fernando Poo, ahora conocida como Bioko, les esperan a ambos algo más que dirigir una plantación, una sociedad muy distinta a la española, más alegre, más racial y sobre todo más exhótica, en todos los sentidos.

Pero la historia arranca en un día como el de hoy, en el presente, tras el entierro de Jacobo, Clarence (Adriana Ugarte) su hija, descubre unas cartas que conectan a su padre y a su tío Kilian con la calida Guinea, una historio complicada y apasionante parece envolver el pasado de ambos, con ilusión y con muchas ganas Clarence parte hacia la ya excolonia española, para indagar acerca de que fue lo que sucedió en aquella época colonial en la que los hombres de su familia estuvieron allí, trabajaron allí, vivieron allí. Lo que descubrirá será mucho más de lo que esperaba encontrar. Profundamente conmovida y comprometida volverá a España pero, no lo hará sola.

Kilian  (Mario Casas)  y  Bisilia  (Berta Vázquez)

Sin duda "Palmeras en la nieve" ya se ha ganado su sitio en el corazón de todos los espectadores y cinéfilos españoles que tiempo atrás jamás pensarían poder disfrutar de un metraje de esta categoría. Su soberbia fotografía, su magistral ambientación, su cuidado vestuario, su música con una banda sonora espectacular (Pablo Alborán) unido a un elenco importante, sin estridencias, hacen de esta película un referente claro para futuras producciones de este calado. 

González Molina borda su labor de llevar al cine la obra de Gabás, tanto es así que el largometraje resulta corto pese a las más de dos horas de duración de la cinta, no nos hubiese importado a muchos cuarenta o cincuenta minutos más; gusta, y tanto que gustó en su estreno, en diciembre de 2015 se convirtió en todo un taquillazo con más de 10 millones de recaudación.

Se convierte con facilidad en una de esas películas pendientes de volver a ver.


viernes, 15 de abril de 2016

El Consejero

Película de 2013 dirigida por Ridley Scott en la que lo mejor con diferencia es el elenco: Brad Pitt, Cameron Díaz, Penélope Cruz, Javier Bardem, Michael Fassbender,... Cargada de diálogos ambigüos, de enigmáticos encuentros entre sus protagonistas y una dosis elevada de erotismo irrelevante e innecesario.

Malkina (Cámeron Díaz) y Laura (Penélope Cruz)

Se deduce, no sin dificultad, la carrera corrupta de un abogado de renombre (Michael Fassbender) que se aventura en una operacion de tráfico de drogas, sin saber muy bien a que se arriesga y con la única intención de ganar bastante dinero para poder darle una buena vida a su prometida, Laura (Penélope Cruz), una chica ingenua y complaciente. Reiner (Javier Bardem) será el socio del abogado, que le pone sobreaviso acerca de donde se está metiendo, no obstante Reiner es un poderoso y enriquecido narcotraficante, curtido en mil batallas que sin embargo tiene en Malkina (Cámeron Díaz) su mayor debilidad. La exhuberante Malkina no sólo es atractiva también malvadamente inteligente. Entre todo esto aparece Westray (Brad Pitt) un intermediario entre el abogado y Reiner, que advierte y alecciona al codicioso abogado entorno a lo que se arriesga al entrar en el mundo del narcotráfico.

Con un argumento bastante justito Ridley Scott desarrolla una película en la que si la trama tiene poco sentido la figura de cada personaje aún menos. Cuesta seguir el desarrollo de la película fundamentalmente porque se entiende poco, requiere máxima atención para ir deduciendo el argumento y sobre todo para saber de que hablan en cada conversación; no creo que sea culpa de Scott pues el problema radica más bien en los diálogos, en el guión y éste es responsabilidad de Cormac McCarthy. 

Reiner (Javier Bardem) y "el abogado" (Michael Fassbender)

En lo interpretativo, pese a lo innecesario de personajes como los encarnados por Brad Pitt o Penélope Cruz, destaca positivamente la actuación de Fassbender, un abogado que se siente completamente seguro y confiado en su terreno pero cuando tiene que cruzar la frontera de la legalidad que defiende todo son dudas, nerviosismo y profunda innseguridad. Sería injusto no destacar el trabajo de Javier Bardem, caracterizado de gánster moderno, ejecuta su papel a la perfección. Ambos salvan la cinta de Scott de lo que habría sido un batacazo tremendo.

¿El Consejero?, aún sigo sin saber de quién se trata.



lunes, 28 de marzo de 2016

Un otoño sin Berlín

Película debut de la directora vasca Lara Izaguirre, quien también firma el guión. Producida en 2015 sirvió para catapultar definitivamente a su actriz principal, Irene Escolar, que se hizo con el Goya a Mejor Actriz Revelación 2016.

June (Irene Escolar)

La película cuenta la historia de una chica que vuelve a España tras haber estado un tiempo fuera; al llegar se encuentra una realidad bastante angustiosa, su padre quedó dolido con su marcha y no le habla, su novio aún peor, quedó tocado emocionalmente y se encuentra hundido en una depresión que lo tiene recluido en su piso, sin capacidad para salir ni tan siquiera a hacer la compra. June (Irene Escolar) lo asume, es consciente que no lo hizo bien pues los abandonó a todos, la muerte de su madre fue algo tremendamente doloroso que no pudo soportar y la única salida fue poner tierra de por medio, en este caso mar, se fue a Canadá.

Ahora en España, tiene que lidiar con un panorama del que se sabe responsable, fundamentalmente con la situación de su novio Diego (Tamar Novas). La depresión que sufre el chico es tremenda, condicionando por completo su día a día. June intenta recuperar su cariño, algo harto difícil, al igual que pretende que ese bloqueo que sufre, que le lleva a no querer ni que la claridad entre por las ventanas de su piso, vaya a menos y a ser posible que desaparezca. No será fácil.

Diego (Tamar Novas) y June (Irene Escolar)

El primer trabajo de Lara Izaguirre es bastante arriesgado, tratar una situación de pareja siempre lo es y aún más cuando ocurre como en este caso, una pareja rota por la distancia y el desapego, una pareja frustrada que se separa sin haber roto y que tiempo después, al menos por parte de la mujer, pretende que todo siga como si no hubiese pasado nada pero, lo emocional nunca es ajeno y la depresión del hombre parece irreversible. Difícil temática que aborda Lara Izaguirre aunque siendo justos hay que decir que el resultado obtenido es cuento menos aceptable, con gran culpa de Irenne Escolar que defiende su papel con brillantez, de ahí el merecido goya.

La cinta destila drama por los cuatro costados, profundamente emocional, con fracaso continuado de la razón, la psicología se hace dueña de la trama y marca el ritmo de la película, lento, pausado... deprimente, y quizás oportuno. Es complicado no contagiarse de ello. 

Valiente Lara y genial Irene.



miércoles, 23 de marzo de 2016

Los Últimos Días

Si con La cueva experimentábamos la fobia a los espacios cerrados Los últimos días nos lleva radicalmente a lo contrario, al miedo a los espacios abiertos, de hecho la película bien podría haberse llamado agorafobia y hubiese sido más acertado.

Julia (Marta Etura) junto a su novio Marc (Quim Gutiérrez)

Álex Pastor y David Pastor dirigen una película apocalíptica, en la que el ser humano sufre una extraña enfermedad que popularmente pasó a denominarse "pánico" pues, es precisamente eso lo que sufre cada hombre o mujer que intenta poner un pie en la calle, llegando incluso a provocarles la muerte. Resulta una película de otro tiempo, si bien es del año 2013, su realización y propuesta cinematográfica ya la hemos visto antes, quizás mucho antes con sello norteamericano, aquí la tenemos ahora "made in spain" y aunque no sorprende si que entusiasma e incluso diría que provoca orgullo el ver como el cine español va alcanzando metas. La factura estética es absolutamente impresionante.

La película de los hermanos Pastor es algo más que un catastrofismo mundial, es más que la lucha salvaje por la supervivencia, más incluso que la presentación de un miedo llevado a su máxima expresión, la película es y nos cuenta una verdadera historia de amor, una de esas historias que parecen anodinas pero que no lo son para nada ¿lo es acaso aquella historia en la que un hombre es capaz de arriesgar su propia vida por reecontrarse con su amada?

Marc (Quim Gutiérrez) y Enrique (José Coronado)

Marc (Quim Gutierrez) trabaja programando sistemas de seguridad en una gran compañía mientras Julia (Marta Etura), su chica, es dueña de una tienda de juguetes en el centro comercial. La pareja funciona bien aunque hay un tema sobre la mesa: tener un hijo. Marc no está muy convencido de traer un niño al mundo, considera que algo está pasando en el mundo y que podría no ser buena idea, Julia por su parte se enfada y haciéndose la víctima se esconde en el cuarto de baño (como si tener un hijo no fuera cosa de ambos), Marc intenta hablar con ella pero Julia no abre la puerta, entonces él se marcha al trabajo, esa será la última vez que hablen antes de que el cataclismo caiga sobre Barcelona (y sobre el planeta).

Salir a la calle no es seguro, todo el que lo ha hecho ha muerto, toca entonces sobrevivir con lo que se tiene a mano allí donde cada uno se halle, un edificio de oficinas, un supermercado o un hospital y la única forma de moverse será utilizando los túneles del metro e incluso el alcantarillado de la ciudad. Marc necesita volver a ver a su novia pero esto no será fácil, en esta misión le acompañará Enrique (José Coronado), su jefe, quien también busca reencontrarse con un familiar.


La película empieza en pleno desarrollo, saltando hacia detrás y hacia delante de forma inesperada y algo caótica, lo que poco a poco se va suavizando adquiriendo coherencia. Una vez que esto sucede, la película se vuelve atractiva, dejándo al espectador disfrutar de la trama. José Coronado tiene luz propia y da igual de que lo pongas que la película se contagiará de él y ganará siempre, su interpretación es notable, no tanto la de Quim Gutierrez aunque hay que reconocer que mejora, sobre todo si la comparamos con Primos (2011). En todo caso hay un aspecto que destaca por encima del resto y ese es la fotografía. Espléndidas escenas, ya sean de tonos fríos, de luz potente, de medialuz, en recobecos siniestros, la fotografía es soberbia, con un complemento técnico de efectos especiales de gran altura.

Los últimos días se convierte, por méritos propios, en una de esas películas que desearás volver a ver.



domingo, 20 de marzo de 2016

La cueva

Vaya la advertencia por delante: si padeces claustrofobia o te agobian los espacios cerrados evita esta película. Que no se me enfade Alfredo Montero (si es que leyera mi crítica), su película está genialmente dirigida, con absoluto realismo, de hecho sé que fue rodada en una cueva real, nada de decorados ni de montajes, lo cual le suma méritos pero, humanamente miro por las personas que sufren dicha fobia. Yo mismo sentí el agobio que trasmite la película como si en tales angostas estrecheces me encontrase, una cueva laberíntica, desesperante.



Sobra decir ya que la película de Alfredo Montero roza el realismo extremo. Grabada a cámara en mano, en lo que se viene a denominar "falso documental", plasma con crudeza las vivencias de cinco jóvenes que viajan a Formentera en busca de paz, relax y en todo caso de unas vacaciones que les sirva de punto de partida hacia un nuevo comienzo en sus vidas. Entre el aislado paraje donde se encuentran descubren la entrada a una cueva y deciden adentrarse en ella; los sinuosos caminos de la misma, así como el tener que arrastrarse para poder avanzar por ella, no les frena. Pronto todo se irá complicando y aflorará el instinto más básico: la supervivencia.

Si bien la trama adquiere de repente velocidad de crucero, la angustia es lo sucientemente grande para no pensar en ello, ni siquiera cuando vemos como los personajes pasan a la acción, en su concepción más radical, cuando apenas llevan horas sin ver la luz del sol. Su temor es grande y su aguante demasiado pequeño.

La cueva supone un brillante aporte al género de terror, que sigue la línea de Rec y que contribuye a demostrar que aún se puede innovar en esto de las "pelis de miedo". Alfredo Montero nos lleva a experimentar, en apenas algo más de una hora, la angustia más asfixiante y enloquecedora que nos hará desear que aparezcan en pantalla los créditos finales para así tomar aire y respirar.


domingo, 13 de marzo de 2016

Un día perfecto

Película de Fernando León de Araona, goya 2016 a mejor guión adaptado, basada en la novela de Paula Farias Dejarse llover.

B (Tim Robbins) y Mambrú (Benicio del Toro)

Pocas veces se ha podido ver una película española con un elenco de tan alto nivel, con actores internacionales de tanto prestigio como los son Benicio del Toro, Tim Robbins o la mismísima Olga Kurylenko. Actores con nombre y que se fajan a la hora de trabajar. La actuaciones de del Toro y Robbins son sencillamente geniales. Dos cooperantes curtidos en mil batallas que no dejan que el estigma de las guerras haga mella en ellos, no obstante sí que condiciona sus vidas aunque con un poco de paciencia y de humor todo se lleva mejor.

León de Araona desarrolla con delicadeza una historia dramática, como lo son todas aquellas surgidas en ambientes de posguerra en las que las tragedias sufridas durante la guerra se hacen más visibles cuando la serenidad del alto el fuego deja al ser humano tomar conciencia de lo vivido y del presente.
Un terreno hostil, unos civiles locales no menos agradables que procuran poner todo tipo de impedimentos al extranjero aunque éste busque ayudarles y el tener que estar siempre alerta ante la posibilidad de toparse con minas o morteros, reductos de la irracionalidad, obstáculos que salvar a diario pese a llevar la bandera de la solidaridad y neutralidad bélica.

Sophie (Mélanie Thierry) y Mambrú (Benicio del Toro)

El cadáver de un hombre es tirado dentro del único pozo servible de una población, el trabajo de Mambrú (Benicio del Toro), Sophie (Mélanie Thierry) y B (Tim Robbins) es sanear ese pozo y para ello lo primero que deben hacer es sacar el cadaver. La cuerda que tira del cuerpo se rompe y entonces comienza toda una odisea para encontrar otra cuerda; no hay en la base de la ONU y la tienda más cercana se niega a venderles una. Mambrú acepta la propuesta de Nikola (Eldar Residovic), un niño al que encuentran en medio de la nada y que asegura que en su vieja casa podrán encontrar una cuerda que les sirva. Con lo que se encontrarán los cooperantes al llegar a la casa será con algo más que la devastación de una guerra, allí en un patio trasero la única cuerda posible ata del cuello las vidas de los padres del pequeño Nikola, el chico bosnio, ajeno a todo esto, mantiene la esperanza de reencontrarse con sus padres en una ciudad cercana, cuando todo acabe.

La carga dramática es inevitable en toda película que trate el tema de una guerra, como en este caso la de los Balcanes pero, Fernando León de Araona no sólo sabe contarla bien sino que además sabe tirar de humor para maquillarla, para suvizarla, sin que resulte inapropiado. Sublime adaptación con un gusto exquisito.



sábado, 5 de marzo de 2016

Asesinos Inocentes

Cine andaluz con mayúsculas el que nos trae Gonzalo Bendala en ésta su ópera prima, y que a su vez yo os traigo aquí para inaugurar el ciclo de cine español de este mes de marzo.


Asesinos Inocentes es algo más que una película, es un tratado sobre psicología, es que el médico se ponga enfermo ¿y quién lo cura?, es comer en casa del herrero con cucharas de palo, es todo eso pero sobre todo es un digno homenaje al cine negro, es más diría que es una perla más de ese género, posiblemente Hitchcock estaría orgulloso.

El título del film ya es lo suficientemente intrigante como para lanzarte a ver la película; una vez lanzado a la piscina os aseguro que hay agua, en este caso ritmo trepidante, intrigas, replanteamientos vitales, dudas existenciales, drama, miserias e incluso matices cómicos que para nada desentonan.

Garralda (Maxi Iglesias) y su amigo Ballesteros (Javier Hernández)
Francisco Garralda (Maxi Iglesias) es un estudiante de psicología que espera con ansia la nota de su último examen, que de ser positiva le convertiría en licenciado. Su situación personal y familiar es crítica, vive con su padre en un piso que no puede mantener, ha contraido deudas con el dueño de un taller que tiene más de mafioso que de mecánico, tanto es así que le ha dado de plazo tres días para que le pague lo que le debe, de lo contrario sus esbirros se lo harán "pagar". Su salvación pasa por aprobar ese examen y licenciarse, lo que le daría acceso a un posible trabajo y por tanto a una fuente de ingresos de la que tirar pues la pensión de su padre es bastante insuficiente.

Garralda acude al despacho de su profesor Sebastián Espinosa (Miguel Ángel Solá), un hombre oscuro, meticuloso y profundamente alcohólico que le promete el aprobado sólo si accede a realizar un trabajo, Garralda acepta aunque los detalles del trabajo los recibirá en casa del profesor. Por la noche acude al piso donde el profesor Espinosa vive con su esposa, una mujer paralítica que depende totalmente de su marido, el mismo que conducía el coche borracho y que ahora se siente culpable por el accidente de tráfico que terminó dejando a su mujer postrada en una silla de ruedas.

Nogales (Luis Fernández), Sebastián Espinosa (Miguel Ángel Solá) y Garralda

Espinosa tiene un seguro de vida firmado desde hace más de diez años, de forma que su muerte supondría una importante cantidad de dinero para su viuda, el mismo dinero que podría cubrir los gastos de una operación en Estados Unidos con la que su mujer podría volver a caminar pero hay un problema, Espinosa debe morir. El profesor lo tiene claro pero no es capaz de quitarse la vida pese a haberlo intentado, y es este precisamente el trabajo que Garralda deberá realizar si quiere aprobar, si quiere que la nota que el profesor le modificó en el despacho de la facultad tome efecto.

Ballesteros, Sánchez (Alvar Gordejuela), el profesor Espinosa, Nogales y Garralda
Aquí comienza una trama de choques existenciales, de dudas, de instintos primarios, de la supervivencia de un chico endeudado y amenazado frente a la de un hombre que renuncia a su vida por salvar la de su mujer, y la culpa, sobre todo la culpa, esa manzana podrida que se te queda en la conciencia contaminándote y haciéndote un ser despreciable, sólo si tratas de justificar tus actos por muy deleznables que sean podrás conseguir redimirte.

La pareja que conforman Maxi Iglesias y Miguel Ángel Solá es lo suficientemente fuerte como para que la película adquiera vida propia. Un guión notable ayuda sobre manera, como así es el caso, con personajes muy necesarios como lo son los amigos y "compañeros de aventuras" de Garralda, aquí Luis Fernández en el papel de Nogales, Javier Hernández como Ballesteros y Alvar Gordejuela como Sánchez resultan imprescindibles, destacando la actuación de éste último que siendo el menos conocido brilla con luz propia.

Bendala consigue enganchar al espectador a una película o mejor dicho a un género al que está poco acostumbrado y del que no nos importaría repetir. Se demuestra que en España se puede hacer buen cine y de hecho se está haciendo, nada que envidiar al extranjero, sólo basta con darle una oportunidad a lo nuestro, que a veces cuesta pero, te puedes llegar a encontrar joyas como estas.